Tradicionalmente, el análisis financiero se ha centrado en la evaluación de indicadores económicos como la rentabilidad, liquidez y solvencia. Sin embargo, en el contexto actual,...
Sepa más
Autor: Mario E. Díaz Durán (Uruguay)
A lo largo de la historia, podemos distinguir tres modelos universitarios en América, con características propias:
El nacimiento de las universidades en Latinoamérica lo podemos ubicar en el año 1551 con la creación de la entonces llamada Estudio General y Real Universidad de la Ciudad de los Reyes, la actual Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima.
Desde sus inicios, las universidades latinoamericanas han ido creciendo lenta pero inexorablemente, tras estos cinco siglos, alrededor de 3.700 universidades existen hoy en nuestros países[1]. El incremento del número de universidades fue acompañado lógicamente con un crecimiento en la matrícula en la educación superior. En el año 2000 la tasa alcanzó el 21%, en 10 años casi se duplicó (40%), según UNESCO en el 2014 se llegó el 47,5% y en el 2017 alcanzó el 50,6%, superando los objetivos de la Agenda 2030, lo que representa 26.300.000 estudiantes.
Además de esta masividad, se producirá un cambio en el perfil de los alumnos que acuden a estas instituciones. Debido al auge de la educación en línea, los universitarios ya no sólo serán jóvenes de entre 18 y 23 años, sino que convivirán diferentes generaciones de estudiantes. El crecimiento de la enseñanza digital también hará de las universidades unos espacios aún más globales, con alumnos de diferentes nacionalidades y culturas.
Mientras Edward Shils Profesor Emérito en la Comisión del Pensamiento Social y Sociología de la Universidad de Chicago, describió a la universidad moderna en forma bastante negativa, calificándola como «universidad masificada, tediosa, politizada, burocratizada, universidad financieramente constreñida, sin cohesión y caótica», en Latinoamérica encontramos en general una universidad con cobertura insuficiente, que muestra altos niveles de deserción, con importante masividad, con resultados insatisfactorios del aprendizaje, con recursos limitados, con una débil articulación con el entorno, con mínima producción de conocimiento, con métodos de enseñanza no actualizados, con programas incambiados e incluso con ineficiencias de gestión.
Rafael Puyol[2] (2000) dice “Hay un trío de certezas a las que, por el momento, no puedo llamar datos porque están incardinadas en el futuro”, ellas son:
La universidad del futuro
Ante esto, ¿cómo será la universidad del futuro?, ¿qué características deseables debería tener? La coyuntura sanitaria mundial, ha acelerado algunos procesos de desarrollo e incorporación de instrumentos digitales, que, sumado a otro tipo de situaciones, marcará la universidad del futuro.
En los próximos años, se deberá desarrollar – como nunca – el ejercicio profesional con un pensamiento global, por lo que el estudiante deberá ser emprendedor, entender que posiblemente cambiará más de una vez de trabajo y/o empresa, será necesario que se reinvente en aptitudes y actitudes y de integrar conocimientos especializados de diversas materias.
¿Cuál debe ser la respuesta de la Universidad a este paradigma?
Reinvención de las clases presenciales y virtuales.
¿Cómo podemos competir con nuestras clases sobre una materia, cuando los estudiantes tienen disponibles vídeos, materiales y exámenes de reconocidos docentes de nivel mundial de las grandes universidades de la región y el mundo? Nos enfrentamos al desafío de que nuestros estudiantes potencien su creatividad e innovación, que trabajen en equipos multidisciplinares, que piensen en forma global, que asuman la diversidad cultural, entre otros.
Se debe reinventar las clases presenciales y virtuales, configurando el intento de alcanzar objetivos tales como los mencionados en el párrafo anterior. Se deberán abordar con imaginación esos retos, propiciando una enseñanza más personalizada apoyada en tecnología. En concreto cabe pensar en cosas como:
Investigación relevante y comprometida socialmente.
En el futuro, con el desarrollo de la sociedad del conocimiento, debemos pensar en una investigación abierta como propulsora de la innovación y vinculada al crecimiento económico de los países. La investigación universitaria deberá impulsar los grandes avances tecnológicos capaces de favorecer los Objetivos de Desarrollo Sostenible sobre temas como agua, cambio climático, educación, medio ambiente, pobreza, recursos energéticos, salud, sostenibilidad, las necesidades locales de cada entorno.
El investigador en la universidad del futuro debería ser innovador, consustanciado con la sociedad de la información del conocimiento, capaz de compartir conocimiento colaborativo. La pertenencia a círculos cerrados, la investigación irrelevante o de escaso valor social, quedará relegado a segundo plano. Algunas cuestiones a tener en cuenta serán:
En el futuro, los campus universitarios deberían constituirse en los contextos más competentes para el desarrollo de la innovación, convirtiéndose en los espacios idóneos para el crecimiento de la sociedad del conocimiento, de los adelantos tecnológicos, de la creatividad, de la generación de ideas y del emprendimiento. Con sus diversas titulaciones, servirán como base del desarrollo experimental en áreas como internet de las cosas, smart cities, nanotecnología, open data, big data, analítica, predicción, business intelligence, nuevos tratamientos y controles inteligentes de la salud (smart health). Temas éstos donde las empresas y las universidades cooperen de forma provechosa favoreciendo el desarrollo de proyectos, patentes, innovaciones, nuevos productos. Se convertirían en entornos ideales para el desarrollo y seducción de talento local, nacional, regional e internacional.
Los sectores más tradicionales sufrirán la reducción de empleos no cualificados y su supervivencia dependerá de la posibilidad de captar el talento capaz de generar innovaciones. La recuperación del empleo vendrá determinada por la creación de puestos laborales capaces de generar cadenas de valor; y la necesaria capacidad de las universidades de generar empresas y nuevos empleos, con alto impacto en la productividad.
El futuro parece señalar el camino hacia una educación interuniversitaria, interdisciplinar, hibridada y altamente personalizada. La democratización de la educación universitaria y la universalización del saber, será un hecho en la práctica.
El nuevo modelo internacional deberá tener:
[1] webometrics.info/es. Consultado 23/10/2020
[2] nuevarevista.net/articulos/rasgos-y-desafios-de-la-universidad-del-futuro. Consultado 20/08/2020
Tradicionalmente, el análisis financiero se ha centrado en la evaluación de indicadores económicos como la rentabilidad, liquidez y solvencia. Sin embargo, en el contexto actual,...
Sepa másEl panorama financiero global está experimentando un cambio radical impulsado por la convergencia de Fintech y Activos Digitales. En este contexto, Bolivia se encuentra en...
Sepa másLa contabilidad ha sido, durante décadas, una disciplina asociada a la representación fiel de los hechos económicos, sustentada en principios de objetividad, verificabilidad y cumplimiento...
Sepa másLos cambios más relevantes en el mundo financiero rara vez ocurren de forma abrupta. Más bien, se gestan de manera progresiva, casi imperceptible, hasta que...
Sepa másEl punto de equilibrio trasciende el cálculo tradicional de unidades vendidas para cubrir costos fijos y variables. La toma de decisiones estratégicas exige diferenciar tres...
Sepa másLa integridad es aquella cualidad humana de actuar de forma coherente con sus valores y principios, incluso cuando nadie nos está observando. La palabra integridad...
Sepa másEn los últimos tiempos, la conceptualización de las finanzas ha experimentado una transformación significativa, evolucionando desde una mera gestión monetaria hacia una disciplina estratégica, fundamentada...
Sepa másEl cierre contable suele analizarse desde la óptica normativa y financiera, pero su sostenibilidad depende de un factor esencial: el capital humano. Cada cierre mensual...
Sepa más